16 diciembre 2013

Algunas mareas huelen que te cagas.

Veo a Madrid salir a la calle en mareas llenas de color, pero a mis vecinos del noreste les veo solo preocupados por encontrar su sitio. Llevan años (tantos que he perdido cuenta) sin querer saber de su padre aragonés-castellano. ¡Tan mal debió de tratarles!
El caso es que mientras se preocupan por crearse una nueva identidad, las mareas, ni les van ni les vienen, contrariando así el sabio latinajo de "primun vivere deinde philosophari". Mientras tanto, el AVE que va a París sale de su tierra porque para callar a los niños maleducados y engreídos nada peor que un padre apocado dispuesto a regalar caprichos (a ver si se me calma el bebé). Así que, por mí, adéu, cuanto antes, porque se van a ir fijo, aunque papaíto les entregue el Banco de España entero.