19 agosto 2013

No se puede tener todo.

Y no me refiero a la deriva que toma una última entrada de facebook  sobre libros de amor con tipos de cuerpazo imposible, que también. Me refiero -ahora- a que es moda entre ricos (al menos entre ricos de novela) presumir de primeras ediciones de libros. Se me ocurre Grace, el tío ese lleno de sombras que sigo sin leer, o Dorian Grey. Pero hay muchos más. Si la correlación fuera causalidad habrían de tenerse primeras ediciones para ser milloneti, cosa que en mi caso es cierta: No soy milloneti, y -salvo ediciones de quienes considero amigos, además de autores- no tengo primeras ediciones. Confío, a pesar de todo en que dicha casualidad no sea causa. Más ahora que mi tableta (la llamo Curro Jiménez por imponer un poco de justicia en las editoriales) desface el entuerto de los dineros tirados sin más. Eso sí, son primerísimas descargas todas,  y sin embargo mi fortuna no aumenta nada. Será cuestión del papel, el mismo del que se hacen los dineros.