20 agosto 2013

Inspecciones.

Contaban -hace poco- las excelencias de las inspecciones fiscales realizadas últimamente a la búsqueda de infractores. Y mientras escuchaba, pasmado, casi anhedonizado, tan sorprendentes cifras no dejaba de pensar en cómo en la naturaleza un animal jamás realiza más gasto energético del que recupera tras matar a su presa o comer su bocado de hierba. Como los bosquimanos, me digo, gente inteligente. Nosotros, sin embargo, los investigadores de la estafa ajena (que es a la vez estafa a todos nosotros) gastamos más de lo que obtenemos, porque las espeluznantes cifras eran de 6.000 pillados sin contrato en ferias, fiestas y cosas así. Seis mil, que de entrada han perdido ya su prestación por desempleo (digamos, tirando por lo alto 1.000 euros por barbilla de barba o depilada), y aunque el empleador pueda recibir unos 20.000 euros de sanción (merecida, claro), no deja de ser el chocolate del loro, similar a los cartones decomisados en Gibraltar. Nada, comparado con reclamar el peñón, o -en el caso primero de la entrada- los dineros manejados por deportistas, banqueros, infantes, o empreSAURIOS, tributarios todos de Suiza. ¡Viva Calvino!, quien por cierto animaba a trabajar mucho para llegar al cielo.