22 julio 2013

Cosas de la infancia.

Antes de conocer al ornitorrinco en vivo le disfruté en el responsable de mi viaje a Australia. En mi época los comerciales entraban en los colegios y tras una pequeña prueba regalaban álbumes y cromos. Cuando llegó el primero de deportes, algo sobre olimpiadas, me desapunté del coleccionismo cromático. Uno siempre fue rarito.
Antes de leer "Diez Negritos" -y acabo de hacerlo gracias a estas cosas del book-crossing que promuevo- supe de él a través de una colección de enciclopedias infantiles (Dime quien es; Dime por qué...) eran cinco libros y ahí me presentaron a Agatha y las diez figuritas.
No estaba entre la colección de sus obras en inglés que adquirí algunos años más tarde, así que supuse que el autor de la enciclopedia infantil había sobrevalorado al juez Wargrave. No obstante, con permiso de las que orquesta Poirot, la trama de la Isla del Negro parece irresoluble. Y quizá lo sea. Solo Agatha puede soñar algo así.