03 junio 2013

Invisibilidad.

Ya, ya sé que de ésto no se quiere hablar en muchos círculos femeninos sobre todo porque en muchos círculos masculinos es totalmente cierto. Pero la visión de un anuncio comercial -que salta lágrimas y que no reproduzco aunque es fácilmente localizable- en el que madres de distintos continentes despiertan a sus niños pequeñitos y les llevan al cole y a los partidos y entrenamientos hasta ganar las Olimpiadas me ha dejado tocado. Todos sabemos que las mujeres compran los productos de P&G y también, que son las encargadas de la educación de los hijos. Los hombres si acaso ponen una semillita y se las piran. Nada que destacar.
A pesar de todo me voy sintiendo bastante harto de generalizaciones, de no custodias compartidas, de no tener la culpa de nada bueno en los hijos, pero sí de ser unos asesinos, bárbaros, despreocupados, inconscientes e imposibles. Totalmente invisibles cuando cambiamos pañales, llevamos a los hijos al cole, les curamos las heridas o les recogemos de madrugada tras la fiesta con sus amigos. Nosotros, los padres inexistentes, semillas de una noche, invisibles educadores.