06 marzo 2013

Adiós.

Un pueblo secuestrado siempre llora la muerte de su padre, su patrón, su dueño, su repartidor de bienes o maldades según voluntad. Un síndrome de Estocolmo nacional en la España de Navarro y en la Venezuela de Maduro, un estrés postraumático, un amor por maltrato en toda regla. El pueblo gime por su Padre, la Patria se tambalea. Dios, encarnado en ser humano ha muerto. Aló Presidente, al llegar para mí la hora de rendir cuentas ante el Altísimo... ¡Viva España!