13 octubre 2012

UE

Parece un intento desesperado (ahora que se cuestiona por todas partes la permanencia en el club, en el cual la pérfida  siempre ha impuesto su voluntad, y se plantea referendar la continuidad; ahora que dentro de cada frontera hay menos paz y más tensiones; ahora que nuestros dirigentes nos han vendido al poder tirano capitalista...) por recordarnos no ya una historia (entre guerras mundiales, la cuestión serbia, y nuestra siempre pronta participación en cualquier guerra que le interese al jefe americano) sino nuestra obligación. El Nobel de la paz se está convirtiendo más en un desiderátum que en una realidad. Tal vez porque hoy es difícil contribuir a la paz y lo que vemos, principalmente, es gente que sufre y muere por causa de los demás. Sirva de muestra una Malala.