03 septiembre 2012

Tremenda paradoja.

Cuando no crees en la genética, rompes el único argumento que explica, por ejemplo, por qué los padres quieren a sus hijos por igual. Cuando crees en la genética rompes el único argumento que explica por qué los hijos son objeto de distinto amor por parte de los padres y, por tanto, tan diferentes entre sí.