01 septiembre 2012

Crónicas.

Aparte de todo lo que me sube la tensión arterial y promueve mi ira justificada, ¿existe algo de lo que pueda escribir un uno de setiembre? Entonces me doy cuenta de que fue tradición continuar con el relato de las vacaciones pasadas. Esas que me sacaban de España (lo siento sr. ministro, sé que he sido muy malo desde los 18 años pero gracias a vds. conseguiré salvar mi vida) para descubrir que existen otros mundos por ahí. Así que lo que encuentro son algunas fotos pasadas que hacen aumentar mi ira (los tiempos ahora son otros, distintos, más complicados y llenos de temor) al comprobar la felicidad que me embarga cuando estoy fuera (mea culpa, mea culpa) de vacaciones. Y eso no lo perdonaré nunca. Jamás. Puede que a cualquier lector esto le parezca una estupidez habiendo cosas más importantes, y tal vez tenga razón, pero cada uno gastaba el dinero (cuando se podía ahorrar algo) en lo que quería. En mi caso un viaje de verano. Ahora sólo siento que me lo han robado todo. Seguro que sí, que soy un superfluo, pero así siento y te lo cuento. ¡Ójala no alcancen nunca la paz todos aquellos que nos roban la felicidad!