09 julio 2012

NO hay palabras inocentes.

Kemplerer: 
Pero el lenguaje no solo crea y piensa por mi, sino que guía a la vez más emociones, dirige mi personalidad psíquica, tanto más cuanto mayores son la naturalidad y la inconsciencia con que me entrego a él. […] Las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico.