06 junio 2012

Amor y otras drogas.

Mi hija lo acepta como una de las muchas bobadas que dice su padre (seguro que soy un mal padre, pero ¿quién lo es bueno?). Cuando le pregunto ¿qué te he dicho siempre?, repite la frase entre escéptica, hastiada y divertida (las emociones más que únicas son una macedonia).  Siempre recomiendo no amar demasiado. En palabras más agresivas: No enamorarse nunca. El amor -como cualquier actividad placentera- sigue las mismas rutas dopaminérgicas del cerebro que excitan los nervios (mariposas estomacales) para luego destensarlos en descargas de placer inundando tus neuronas de péptidos opiáceos (¡uauuu, ese tobogán!).
Hace muchos años los investigadores hallaron que las ratas que vivían en malas condiciones pero podían acceder a la droga se enganchaban, mientras que a las ratas que disfrutaban de diversión, aún disponiendo de la misma droga, no les sucedía lo mismo. Así que puedes amar siempre que tu vida sea rica -no de dinero, aunque también. El problema es si toda la esperanza, deseo, anhelo, realización y autoestima queda depositada en otras manos. No hay nada más difícil de modificar -ni nada que cause más estragos físicos y psíquicos- que el amor de una maltratada (maltratados también) hacia su maltratador. Lo sé, lo sabes, lo ves. 016.