08 marzo 2012

Paradoja del egoísta.

(Aquí)

A veces a algunos ricos debemos salvarlos de su propia estupidez. Como a los que evaden impuestos en paraísos fiscales y luego van a hospitales públicos españoles, a los que han escatimado recursos, para que les salven la vida, porque en muchas dolencias graves o en trasplantes son, sencillamente, los mejores del mundo. En el otro extremo están profesionales excepcionales como el doctor Jovell, a quien la sanidad pública ha salvado la vida, y hoy es él quien trata de salvarla a ella, consciente de que es la mejor herencia –no sólo por principios solidarios, sino por sentido práctico– que puede dejar a sus hijos. A veces, ser solidario es la forma más inteligente de ser egoísta; y ser egoísta es ser un idiota.