11 enero 2012

Caricias o Patadas.

Decía un viejo profesor de psicología que a un niño puedes darle caricias o bofetadas pero que nada es tan malo como ignorarle (salvo el doble vínculo, digo yo). Y así vamos por la vida encontrando gente necesitada de hablar, o de que la mandes a la mierda, pero necesitada del contacto social que no tuvo de pequeño o que tal vez tuvo pero no supo aceptar. La tienda de mi madre, sin ir más lejos, era una especie de confesionario.
Sabemos, de adultos, que es así. No hay nada que nos moleste más que la indiferencia o el sentimiento de invisibilidad. Mejor que al menos te odien.
Nota: De lo dicho espero que nadie concluya que defiendo odiar, pegar patadas y abofetear a un niño (o a un adulto).