13 octubre 2010

El relato de Val

Inevitablemente mis voces llenan mi historia vital. ¿Voces? ¿Qué voces? ¿Estás loca? Los locos oyen voces, no yo. Pero ¿Qué hay de Katie? Katie fue la primera (voz), era buena, era un consuelo. Me quería. Tenía algo, algo profundo en su interior, que nadie podía atacar. Me sentía segura con Katie ¿No tiene voces todo el mundo? Pienso que todos tienen un lugar seguro a dónde ir. Yo no hablaba de ella, ni se me ocurrió hablar de ella. Fui a ella cuando las cosas se pusieron mal, cuando se pusieron negras. Era una niña pequeña con tirabuzones rubios y mejillas rosadas. Quería jugar conmigo. Era bueno tenerla cerca. Mi hermana pequeña tenía amigos imagniarios que caminaban , o nadaban, corrían por la casa y lloraba si alguien los pisaba. No sabía si Katie era lo mismo que esos amigos imaginarios, o si era algo real. Me hablaba en voz baja si hacía algo mal, o si hacía algo bien. Con ella podía comprobar las cosas que hacía.
Pero entonces, despues de un tiempo, dejó de ser alguien seguro, alguien divertido, y empezó a gritarme. Se convirtió en un tormento. Pero no era un tormento todo el tiempo, seguía siendo mi amiga más antigua por que lo que seguía, sigo, teniéndola a mi lado. Pronto otros se unieron a Katie, otras voces. No había nada bueno en ellas. Gopean y golpean, continuamente, en mi cabeza.
(fragmento en Terapia Cognitiva Basada en la Persona para la Psicosis Perturbadora)