08 septiembre 2010

Trabajo

Me han ofrecido trabajo en la calle (poca cosa no crea vd.) y hay tres opciones (supongo). El asunto es así: El transportista (chaval de unos veinticinco años) me ofrece, tras pararme en la calle, que le ayude a subir un bulto a un piso y me da diez euros. No gracias, le digo, y él sin encomendarse a nadie me supone en baja médica y que tal es mi imposibilidad. Nos reimos un rato pero no aclaro el malentendido. Nos despedimos amistosamente.
Primera opción: Se me ve bien, incluso joven (me tutea) y piensa que puedo ayudarle con el bulto y que diez euros para unas cañas me van de carajo. Para mí es casi genial volver a los quince años y pensar que puedo descargar cosas como hacía con los feriantes de la Coronación.
Segunda opción: Se me ve tonto y piensa que le voy a quitar un gran marrón y que con diez euros me pongo más contento que un niño con gominolas.
Tercera opcinón: Nada de lo dicho. El mundo es puro azar.