24 julio 2010

Vida de pesca

A punto de acabar la temporada no me resisto a describir, de modo general, a quienes visitamos las aguas. Imagino que ellas son la vida y la vida para todos igual es sin embargo distinta para todos. Hay algunos que llegan con prisa, "desembalan" y casi antes de que se cierren las puertas del coche están en su sitio preferido. Algunos otros sin embargo pasan un buen rato mirando el agua, decidiendo cuál es el mejor sitio y sólo mucho tiempo después van a él. Los hay que no se mueven de ese sitio elegido nunca, ni en ese día, ni en ningún día. Parece que ahí les va bien. Otros no paran un minuto en el mismo punto (yo ando entre estos aunque los años me van haciendo permanecer más tiempo en los lugares). Los hay también que llevan poca cosa más allá de una caña y la gorra (por aquí ando). Los hay que no llevan ni red (y a veces por aquí también). Otros llevan carros llenos de útiles y cebos de todo tipo. Haylos también que nunca pescan nada pero vuelven siempre; y están los que siempre pescan mucho y también vuelven. A veces estos últimos devuelven al agua lo que esta les da, en otras ocasiones se lo dan a quien está al lado sin pescar y lo acepta. Incluso a veces aparecen animales y a ellos se lo entregan. Entre los pescadores hay algunos que antes de amanecer están ya apostados, otros van casi a la hora de las primeras rondas de vino. Algunos están un rato y otros pasan el día entero. Casi todos protestan de lo mal que está la cosa y por supuesto siempre hace años todo era mejor. Muchos siguen yendo día tras día a pesar de que a veces es frustrante y algunos abandonan cansados de no obtener nada. Un puñado espera que se lo den todo hecho y que haya siempre abundancia pero la mayoría sabe que es duro obtener lo que se desea.
Podría seguir y seguir pero creo que con esto se entiende que es casi, casi la misma vida.