27 julio 2010

No memory

"La no memoria" podría ser la obra de mi vida en contraposición a la de Luria "Una memoria prodigiosa" en la que el sujeto recordaba (eso dice) momentos en que su madre le sacaba de la cuna. Particularmente nunca he añorado esos instantes que supuestamente he perdido y no lo hago porque tal olvido es motivo de regocijo en casa ya que todos suponen que mis recuerdos son prácticamente imposibles. Podría ser cuestión neural, o incluso falta de estrés propiciatorio o ausencia de emotividad pero no lo creo. En realidad esta ausencia de recuerdos me divierte -más que me asusta- en las reuniones familiares. Lo peor es sin embargo cuando, de buena fe, tratan de implantarme recuerdos imposibles. No me veo, por ejemplo, acudiendo a un dermatólogo a los diecitantos para tratar de solucionar la incipiente calvicie (como trataba de hacerme creer hoy mi querida hermanita). Afortunádamente el resto también recuerda y ese dato se juzgó (en tribunal familiar) inexistente. Lo que viene a mostrar una vez más la fragilidad de nuestra memoria, la implantación de recuerdos ajenos o propios y mis dudas, más que razonables, de que Solomon Veniaminovich Shereshevsky se acordara de como mamá le ponía los pañales.