25 marzo 2010

Gafes

¡Dios! Tras un rato con él la mala suerte me ha invadido. Fijo que es gafe, como me avisaron, si no es imposible que desde entonces no haya tenido más que problemas: avería en el coche ante una urgencia, resbalón casi mortal en las escaleras, otras que no relato por pudor. La última esta tarde: salgo en un intervalo a pescar, deprisa, más deprisa, salto al río con la excitación propia del menester. ¡Imposible!, mi caña se ha roto sin haberla usado desde el domingo y la guardé en perfectas condiciones. Necesito de nuevo el ojo de tigre. No sé si para ahuyentar la mala suerte o tirársela en la cabeza a quien me gafó.