22 diciembre 2009

Psicoanálisis de la poesía

"Un día le dije que cuando iba a verla me parecía que caminaba sobre campos de narcisos blancos. Ella, que conocía el adoquinado de la calle, respondió: "Estúpido, no hay narcisos en Rochusstrasse". Después, Kraus me dijo que me estaba bien empleado. Según él, en el sexo no había lugar para la poesía, y aquellas efusiones románticas eran producto de la histeria. Por supuesto, los hombres comprenden y necesitan la poesía, pero las mujeres, no; y, si alguna le gusta, hay que tener cuidado con ella. Estas aberrantes parrafadas encerraban siempre algo de verdad. Los inmortales poemas de Dante sirvieron de muy poco a Beatriz, que apenas lo veía; él la amaba en su ausencia. El objeto de los versos de amor casi siempre está ausente, incluso en el momento en que el romántico enamorado se lo recita. Él lleva dentro un ideal y lo proyecta sobre ella. Son muchas las mujeres a las que irrita este proceso, aunque no acaben de comprender qué es lo que las incomoda cuando alguien canta sus gracias. No nos es difícil imaginar cómo debía de impacientarse la dama morena de Shakespeare mientras él le dedicaba un soneto detrás de otro, hasta que, cuando iba ya por el ciento veintitantos, la hermosa lo despachó con un seco: "¡Déjame en paz, estúpido!""
Recordando a Irma y Kraus en las Memorias de Fritz Wittels. Seix Barral