04 septiembre 2009

La carretera

"Una vez hubo truchas en los arroyos de la montaña. Podías verlas en la corriente ambarina allí donde los bordes blancos de sus aletas se agitaban suavemente en el agua. Olían a musgo en las manos. Se retorcían, bruñidas y musculosas. En sus lomos había dibujos vermiformes que eran mapas del mundo en su devenir. Mapas y laberintos. De una cosa que no tenía vuelta atrás. Ni posibilidad de arreglo. En las profundas cañadas donde vivían todo era más viejo que el hombre y murmuraba misterio"
Así acaba el libro. He de reconocer que un poco antes de este final la cosa se complicó bastante en mi interior. Uno es así. Las ocasiones en las que un ser humano ayuda a otro producen humores en mis circuitos. En otras, muchas más, ocasiones el libro origina desasosiego. Es, sin duda, un libro terrible que se ha de leer.