21 agosto 2009

Alemania, 4

Frankfurt huele a Carlo Magno y,ojo, Emperador Electo ("Vos que sois igual que nos pero todos juntos más que vos os nombramos Emperador"). Viaje cómodo en autopistas (3 carriles por banda, viento en popa a todo gas) que, ojo de nuevo, normalmente carecen de límites de velocidad. Camino a Colonia paramos en Bacharach, me recuerda a Chester. Es un pueblo precioso de madera y muralla con paso de ronda lleno de bistros y restaurantes. Luego, un crucero por el Rehine con cancioncita de Lorelay incluida, la adolescente enamorada del príncipe que le cantaba canciones y hundía barcos. Luego ella se suicidó. Las leyendas alemanas deprimen. No hemos pasado por Bon. Por lo visto su fama de capital duró un suspiro. Ganó la capitalidad por pocos votos tras el reparto de Alemania y la perdió también por pocos votos tras la reunificación.
Bacharach, ¡impresionante!. El castillo de la leyenda. Vías de comunicación (a los dos lados del Rhin había autopista, vía de tren y carril bici, ¡como para competir con ellos aquí!). Por último, mis adorados rolling -everywhere.