26 junio 2009

El menor de los Jackson

No tengo recuerdos de Michael más allá de una cinta de música (¡tiempos!) pirata (¡ya entonces!) comprada legalmente en el mercadillo de Bipolaria. Era Thriller, un gran éxito mediático merced a maquilladores y coreografos (póngase as donde proceda, please). La cinta por lo demás nunca llegó a funcionar bien, tampoco lo hizo la segunda que me dieron cuando la cambié el martes siguiente. No más. No me atraía mucho el chico y no he escuchado prácticamente nada de él. El segundo recuerdo es más interesante para mí. Lo contó Gregorio, nuestro guía rumano, en el balcón del Parlamento de Bucarest, el mismo que Ceausescu construyó con todo lujo de detalles, 400 arquitectos y miles de obreros sin salario. Allí, donde se asomaba el leader a hablar de socialismo, se asomó pocos años después el cantante albinegro a saludar a los enloquecidos fans que se agrupaban en la colosal plaza (los conciertos allí valen como aquí, pero los salarios son una quinta parte, aún así la gente debe vender sus posesiones por ver a por ejemplo Julio Iglesias quién actuó en el 2007). Entonces Michael Jackson, aclamado por el público alzó fuertemente su voz y dijo: "Buenos días Budapest". Fin de mis notas Michaelianas.