06 mayo 2009

Hijos

Teme alguna que me quiere que pueda sufrir de nostalgia irrecuperable si vuelvo a entrar por la puerta de la vieja fábrica dónde aporté nueve años (casi) de mi vida. No hay tal, a las afirmaciones de quienes habitan el caserón y me echan de menos se suceden otras llenas de parabienes y deseos sinceros de buenaventura. Por mi parte he vuelto a pisar aquel fruto de mi esfuerzo. Una cuestión de recoger un libro, poco más, no quiero interferir con nada ni nadie. Como hijo crecido -que debería ser- ya no puedo hacer más por él.