25 abril 2009

Madeleine

Proust volvió a la infancia. Casi nada sabe tan bien como aquella primera vez que disfrutamos de alguna pizca de vida. La ladrona de libros de Zusak promete "no volver a beber champán nunca más porque nunca sabría tan bien como esa cálida tarde de julio" Nada como el primer beso o los primeros pasos de tu hija. Nada como un buen vino en compañía de amigos o aquel viaje sin dinero. Estoy convencido, aunque no poseo dato alguno que confirme mi creencia, de que cuando me muera recordaré los mejores momentos de mi vida. Lo que no sé, tampoco, es si eso me alegrará el trance o me hundirá en la amargura más profunda. "Si lo sé, no me muero", decía aquella lápida de Staglieno.