18 septiembre 2008

Cuanto antes mejor

As soon as better, repuso alegre -había retomado su abandonado inglés y le gustaba mezclar latín y sajón. Aquella era la M. que yo había conocido dos años antes en una clase de posgrado sobre afectividad. Aquel curso acabó siendo una terapia gratuita espontánea. Mientras la mayoría de las alumnas matriculadas lloraban en cuanto tocabas algún resorte afectivo ella no paraba de reir. Al segundo día la enfrenté a esa respuesta: Miedo a afrontar la realidad. Princesa-niña mimada que no tiene intención de sufrir. Siguió riendo. Tratar de vivir sin problemas está bien hasta que el sueño se acaba. Siempre le había gustado jugar-. Mejor romper al año y llevarnos bien que hacerlo dentro de tres odiándonos a muerte y a lo peor con algún niño -concluyó. Have you got my number? -preguntó empezando a numerar y pidiéndome anotarlo- Ya está, le dije mientras pulsaba con rápidez las teclas de mi móvil. Mensaje enviado, escribió la pantalla. Nunca he sido capaz de manejar estos aparatos con destreza.