06 junio 2006

Por mucho que alguien diga, 2

Entró el señor en casa del labriego a solicitarle patatas y algunas viandas pero éste no quiso despacharselas hasta que le mostrase un certificado de los validos del reino en el que constaran los bienes con que el señor podría hacer frente a tal compra, puesto que así lo mandaba la Audiencia Real. Además, -argumentó el labriego- no puedo venderle en cantidades inferiores a 500 reales.
El señor volvió a casa atónito -sabía que tal certificado tardaría al menos un mes- y desesperado -¿porqué tenía el que comprar 20 kilos de patatas si con 1 le sobraba?.
El labriego, por su parte, se suicidó a los siete días al comprobar como sus productos se pudrían en la despensa sin ningún noble a quien vender.