25 enero 2006

Oposición

Sufro, cada dos años o así, la penuria -o tal vez, inconfesable debilidad- de pasar por oposiciones en las que un "puñado de gentes" -a las que ni les va ni les viene- valora mis méritos y/o los exámenes. Entiendo que en muchos casos alguno de esos seres lo hace por puro afán económico y gozan de la carencia de no tener siquiera el nivel exigido para evaluar [sindicatos, v.g.]
Incluso, en el mejor de los casos, hay que padecer que algún listo de turno diga que éste o aquel curso, conseguido con esfuerzo y también -no lo olvidemos- mucho dinero, no debe baremarse; ¿tal vez porque en el mismo no aparece de modo específico la palabra mágica?; mujer en este caso, o tal vez porque el irrefrenable prurito de algún personajillo decide que los títulos sólo los certifica un secretario, ¡como si los títulos más importantes -el universitario por ejemplo- necesitara la bendición de un vulgar copista!
En fin, que os contaré el resultado final.